Chistes de De compras

Granada: La calle Ganivet, tan llena de pubs que ya es peatonal… por la fuerza de la fiesta

En Granada, la calle Ganivet es ahora tan popular para salir de fiesta que se ha declarado ‘peatonal por la fuerza de la fiesta’. Un residente frustrado intentó un día pasar por allí con su coche a las diez de la noche y se encontró con la calle, antaño elegante y llena de joyerías, convertida en una marea humana: «¡Era imposible pasar; se había convertido en una calle peatonal!» ?. Parece que el «equilibrio» que busca la ciudad es el de intentar caminar recto después de unas copas en esta vía que ha pasado de ser un centro de compras chic a un epicentro de la juerga. Los vecinos, claro, están encantados con el aroma a cerveza y los cánticos nocturnos… o quizás no tanto ?. ¡Bienvenidos a la nueva Ganivet, donde las aceras son un mero accesorio!

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¡Adiós lágrimas de cebolla! El truco más insólito (y sabroso) es morder pan

¡Adiós lágrimas de cebolla! Parece que la ciencia por fin nos ha dado una razón para comernos un trozo de pan mientras sufrimos en la cocina. ?? ¿Quién no ha experimentado esa tortura culinaria? Empiezas con la mejor de las intenciones, cuchillo en mano, y al primer corte… ¡ZAS! Los ojos arden, las lágrimas fluyen como río y te preguntas por qué no compraste esa cebolla pre-picada del súper. ? Cada cebolla es un nuevo reto para tus glándulas lagrimales, un drama personal… hasta ahora.

El secreto que ha pasado de boca en boca (y de boca a pan) es morder un trozo de pan. Sí, así de simple y de extraño. ? Un pedazo de pan entre los dientes puede ser tu mejor amigo para evitar el diluvio.

¿Y por qué funciona esta locura? Pues resulta que, al morder la miga, mantienes la boca abierta y cambias tu forma de respirar. En lugar de inhalar directamente por la nariz (¡donde los gases irritantes de la cebolla te atacan sin piedad!), respiras más por la boca. Esto desvía los vapores antes de que lleguen a tus ojos. ¡Una estrategia de defensa digna de un espía! ????? Además, la miga actúa como una especie de ‘esponja’ que atrapa parte de esos gases sulfurosos.

No es magia (aunque lo parezca), ni es infalible al 100%, pero suaviza el drama lo suficiente como para que no parezca que acabas de ver una película tristísima. Y si no funciona, al menos te habrás comido un trozo de pan. ¡No todo está perdido! ?

Y si el pan no es lo tuyo, aquí tienes otras ‘soluciones ingeniosas’ para tu guerra contra la cebolla:

  • Cebolla fría, drama controlado: Unos minutos en la nevera y ¡listo! Los gases se relajan.
  • Cuchillo afilado: Menos células rotas, menos químicos volando. ¡Tu cuchillo es tu héroe!
  • Campana extractora o corriente de aire: Que el gas se vaya, ¡no queremos visitas!
  • Gafas de natación: ¿Tu mejor look? Probablemente no. ¿Efectivo? ¡Absolutamente! ???? (prepárate para las risas).

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Sujetador

Mama, mama, ya tengo trece años, por que no me compras un
sujetador?
– No.
– Venga mami, comprame un sujetador.
– No.
– Jo mami, que ya tengo trece años.
– Que te he dicho que no, Arturo.

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