Chistes de El juicio

Otro juicio.

Otro juicio:
– Paso usted una noche con este hombre en un hotel en Nueva York ?
– Me niego a responder esa pregunta.
– Paso usted una noche con este hombre en un hotel en Chicago ?
– Me niego a responder esa pregunta.
– Paso usted una noche con este hombre en un hotel en Miami ?
– No.

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Un aleman, un americano y un polaco estan de viaje por

Un aleman, un americano y un polaco estan de viaje por un pais del
tercer mundo cuando son acusados de haber asesinado al presidente. El
problema es que en el juicio no se puede decidir cual de los tres es el
asesino, asi que deciden ejecutar a los tres en la guillotina.
Primero van a ejecutar al aleman y le preguntan cual es su ultimo
deseo. El aleman mira tristemente alrededor suyo, pero de repente se anima
y pide un cigarrillo. La gente se queda extrañada, pero bueno, le dan el
cigarrillo, el aleman se lo fuma, y luego se dirige a la guillotina. Total,
que se agacha, sueltan la cuerda, y la cuchilla empieza a caer… pero
cuando la cuchilla esta a punto de cortarle el cuello, repentinamente se
queda parada a unos centimetros de su cuello. Entonces todo el mundo empieza
a gritar «milagro, milagro, Dios nos quiere decir que el aleman no fue el
asesino», y van y le sueltan.
A continuacion van a ejecutar al americano, y pasa lo mismo; al
principio mira resignadamente su ultimo amanecer, le lanza una mirada
languida a la guillotina, se pone contento, y cuando le piden su ultimo
deseo pide una cerveza, y de nuevo la cuchilla se para a escasos centimetros
de su cuello, asi que le sueltan.
Finalmente, cuando van a ejecutar al polaco y le preguntan cual es
su ultimo deseo, va y contesta :
– Joder, esta broma no tiene gracia, que os creeis, si yo ya he
visto el nudo en la cadena de la cuchilla…

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Cuando Abraham Lincoln trabajaba de abogado, no se dejaba tentar

Cuando Abraham Lincoln trabajaba de abogado, no se dejaba tentar
por cuotas faciles e intentaba evitar juicios innecesarios. Pero en
cierta ocasion le visito un hombre queriendo demandar a un acreedor que
le debia dos dolares y medio. Lincoln intento disuadirle, haciendole ver
que, incluso ganando el juicio, sus honorarios como abogado ascenderian
a diez dolares, que tendria que pagar el demandante; sin embargo, su
cliente estaba tan determinado a vengarse que iba a buscar otro abogado
para iniciar el pleito, asi que finalmente Lincoln accedio a
representarle. Tras cobrar los diez dolares, Lincoln dio cinco al
demandado, que en un rapido juicio reconocio su deuda y pago los dos
dolares y medio. (The Little Brown Book Of Anecdotes, editado por
Clifton Fadiman.)

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